jueves, 17 de septiembre de 2009

AMBICIÓN, COBARDÍA Y TRAICIÓN. TRES PASOS QUE LLEVARON A LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Sorbos de la historia.Ambición, cobardía y traición y cobardía. Tres pasos que llevaron a la Segunda Guerra Mundial
Aline Torres
Tras la Primera Guerra Mundial, el mundo se encontraba en tensión constante por mantener la paz, la cual a pesar de ser forzada daba cierto alivio a los sobrevivientes de una devastación tan grande como la desencadenada por los años de 1914-1918. En este contexto surgió una cadena de errores por parte de Los Aliados que conduciría a la Segunda Guerra Mundial. En Alemania reinaba un resentimiento producido por las limitaciones que el Tratado de Versalles le imponía al país. Debían 25 millones de dólares, una inmensa fortuna para la época. La orilla izquierda del Rhin y una zona de 50 km. de ancho de la derecha fue desmilitarizada y entregada en custodia a Francia, se le confiscó su flota mercante, su ejército fue limitado a 100 000 hombres y se le negó el derecho de poseer artillería pesada, aviación y submarinos. Perdió los territorios de Alsacia y Lorena, conquistados durante el enfrentamiento: una gran humillación para los germanos. Las restricciones tenían por objeto evitar que la belicosa nación condujera al mundo a una nueva confrontación. Durante las refriegas de la Gran Guerra Los Aliados sólo penetraron a algunas franjas fronterizas de Alemania. El país prácticamente no había sufrido pérdidas materiales en su territorio, esto aunado a las buenas condiciones de las fábricas de armamento y municiones, fortalecía la idea de una posible revancha. El ambiente imperante en Alemania fue bien manejado por la capacidad de oratoria de Adolfo Hitler, quien a través de patrióticos discursos supo encausar el deseo de venganza del pueblo hasta que conquistó el poder. El ánimo italiano no se diferenciaba mucho del alemán. Los italianos también estaban resentidos por las disposiciones del Tratado de Versalles. Se contaban dentro de la Triple Alianza (Alemania, Austria-Hungría e Italia), sin embargo al estallar la guerra no cumplió con sus compromisos, y cuando la balanza del triunfo se inclinó irrevocablemente hacia la Triple Entente (Francia, Inglaterra, Rusia, después sustituida por Estados Unidos), decidió integrarse a este bloque. Aún así la capitulación no le favoreció. Francia, Inglaterra, Estados Unidos y Rusia estaban ocupados en sus asuntos internos y perdieron de vista las acciones que Alemania, Italia y Japón realizaban con fines claramente imperialistas. Francia quedó reducida a ruinas tras la Primera Guerra Mundial. Perdió 7 800 km de vías férreas, 20 603 fábricas, 52 740 km de carreteras y 457 000 vidas. El Tratado de Versalles establecía que Alemania pagaría los daños causados a los franceses. Los discursos elocuentes de los germanos lograron convencer a La Liga de las naciones de que no tenían solvencia económica para pagar. El presidente de la República de Weimar, Ebbert, decía: "Debemos, no lo negamos; pero la guerra, la intervención aliada y nuestras fábricas sin crédito y sin materias primas nos han dejado si producción; permítasenos producir sin fiscalizaciones, proporciónesenos, a crédito, el indispensable petróleo, y otórguesenos el crédito suficiente para mover nuestras fábricas a toda su capacidad. Sólo de esta manera tendremos los recursos para pagar". George Benjamin Clemencean, primer ministro de Francia, exigió el pago en especie, que no procedió por la negativa de Lloyd Georges, líder Inglés, apoyado por Wodrow Wilsos de Estados Unidos y el representante japonés. Los galos, orgullosos por su valerosa actuación en la batalla del Marne, estaban sumidos en la miseria y las deudas que habían contraído con los norteamericanos durante el transcurso de la Gran Guerra. La situación de los galos no les permitió recuperarse antes que los germanos. El saldo del conflicto dejo a los ingleses sin su famosa marina mercante y con algunas deudas con Estados Unidos. El primer ministro de Inglaterra, Lloyd Goerge se negó a que Francia recibiera el pago alemán en especie debido al miedo de que ésta, enriquecida por las productivas minas de hierro de Lorena, frente a unos germanos desorganizados y un imperio Austro-Húngaro desmembrado, se convirtiera con ayuda de las reparaciones en la potencia europea más importante. Los británicos aún defendían su hegemonía económica, obstaculizaban a Francia, mientras Estados Unidos ya los había desplazado. Las razones por las cuales Estados Unidos adquirió la riqueza que más tarde le daría la supremacía mundial son simples, sencillas y determinantes. Los norteamericanos no sufrieron ningún daño en su territorio ni en sus instituciones, los obreros fueron inmunes a los daños causados por las batallas, ninguno fue al frente de batalla, ni quedaron lisiados e incapacitados para cualquier labor como muchos de los trabajadores europeos. La guerra eliminó un importante porcentaje de la producción industrial de las potencias beligerantes, y dejo un espacio bastante amplio, el cual fue ocupado por los yanquis que tenían sus fábricas a toda su capacidad, beneficio causado por el capital que el país recibió de los intereses de las deudas que Europa contrajo con ellos para solventar los gastos del conflicto bélico. Rusia se encontraba en una posición internacional difícil. Todas las potencias europeas guiadas por Estados Unidos la veían con hostilidad por su régimen comunista. El Zar de todas las Rusias, Nicolás II, retiró a su nación de la Gran Guerra para poder enfrentar con toda su capacidad a los Bolcheviques que dirigían la Revolución Rusa, la cual finalmente tomó el poder e implantó como sistema de gobierno al comunismo, régimen temido y combatido, que ocasionó que durante las negociaciones del Tratado de Versalles se olvidaran de premiar a la nación aliada que más vidas ofrendo: 1 700 000 muertes. A Rusia no le valió en nada haber intervenido de manera indirecta en el triunfo del Marne, la capitulación la sometió a una desmembración territorial mayor a la sufrida por Alemania y Austria juntas. Con su porción fronteriza con Alemania se completó el territorio de la República de Polonia, hizo una restitución para integrar la República de Finlandia, le quitaron los Estados del Báltico (Letonia, Estonia y Lituania) y otros territorios que sirvieron para formar las repúblicas de Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Entregó a Rumania la Basarabia. Una poderosa presión que buscaba obstaculizar el ascenso del comunismo. Así estaba conformado el mundo que pronto recibiría la embestida de un nuevo conflicto armado, que fue más largo y cruento que el anterior. En Italia, Alexander Mussolini, un herrero ferviente admirador de Benito Juárez y enemigo de todos los tiranos, daba el nombre del Benemérito de las Américas a su hijo: Benito Mussolini, Duce de Italia. Benito soñaba con un imperio tan grande como el de Julio César, sin embargo ya todo lo que había por conquistar tenía dueño, sólo quedaba Abisinia también llamada Etiopía. Las fuerzas de los Fascios se lanzaron sobre la nación africana. En 1964 un destacamento militar italiano se adentró 100 km en territorio de Abisinia. Hubo muertos de ambos bandos. Mussolini declaró la guerra a Etiopía. La Liga de las Naciones trató de intervenir, pero el Duce dijo: "Con Ginebra o sin Ginebra mis ardorosas legiones seguirán adelante". Los miembros de la Liga aprobaron sanciones a Italia. La más importante consistió en cortar el abastecimiento de petróleo, producto indispensable que no tenían los itálicos. La compañía petrolera inglesa Royal Dutch ignoró las disposiciones y las sanciones resultaron un mito. La Liga de las Naciones fue creada para enfrentar países enteros en favor de la paz, y no pudo detener a una empresa comercial. Los nazis se animaron a romper el Tratado de Versalles y los nipones se atrevieron a apoderarse de La Manchuria. Las perfilaciones bélicas de Alemania tomaron forma sin que nadie opusiera mayor resistencia. El 16 de marzo de 1935 el gobierno nazi estableció el servicio militar obligatorio, y aumentó el ejército a 800 000 hombres. Inglaterra y Francia intercambiaron notas, cuestionamientos y condenas con Alemania y no más. El 7 de marzo de 1936 tres batallones alemanes avanzaron sobre el Rhin, los franceses quedaron turbados, su postura de custodios de dicho espacio les permitía movilizar batallones y hacer prisioneros a quienes violaran territorio neutral, sin embargo, prefirieron esperar el desarrollo de los hechos en la línea Maginot. El primer paso de los nazis hacia la conquista del mundo fue todo un éxito. Siguió la anexión de Austria. Para ahorrar municiones y no alarmar a los aliados, la acción se realizó de manera pacifica y aparentemente voluntaria. Con propaganda se convenció a los germano-austriacos de formar con Alemania la Gran Germania. El primer ministro austriaco Schschnigg se negó a llevar a cabo el plebiscito por el cual el pueblo, "mediante votación", decidiría la anexión. Para evitar ser asesinado por los nazis como su antecesor Dollfus, renunció. El país quedó en manos de Arturo Seyss-Inquart, un nazi austríaco que sirvió fielmente a Hitler. Alemania y Austria se convirtieron en una sola el 10 de abril de 1938. Para ganar la guerra que ya se respiraba, Alemania necesitaba apoderarse de la fábrica de armas Skoda ubicada en Checoslovaquia. La producción de Skoda sumada a la de la industria bélica alemana Krupp dejaría a los aliados en desventaja. De nuevo los medios propagandísticos. Se convenció a los germanos residentes en la región de los Sudetes de pedir su anexión a Alemania. Hitler dijo: "¡Si no se le devuelve su libertad a los Sudetes, Alemania entera irá a rescatar los montes!". Los discursos funcionaron. Neville Chamberlain y Edouard Daladier, primer ministro de Gran Bretaña y Francia respectivamente, se reunieron con Hitler en Munich. El 30 de septiembre se firmó el pacto de Checoslovaquia, a cambio del juramente y firma de Hitler que garantizaba que Alemania no pretendería ningún centímetro más de tierra en ninguna parte, y el compromiso de cooperar para la conservación de la paz mundial. ¿Y Checoslovaquia? Nadie le pidió su parecer. Tuvo que sacrificar su línea Maginot montañosa por el supuesto bienestar de la humanidad. El 15 de marzo de 1939 Chamberlain y Daladier fueron burlados. Desde los montes Sudetes entraban a Checoslovaquia batallones de soldados alemanes espléndidamente armados. Hitler traicionó su firma y juramento. Los checos se encerraron en sus casas a llorar de rabia, y de vergüenza también lloraron ingleses y franceses. El Fhürer aseguraba que no atacaría a otro pueblo. Ya nadie le creía...se respiraba olor a pólvora y sangre. Después vendría el pacto de no agresión nazi-soviético. Los aliados se alarmaron ante la posibilidad de que Hitler se uniera a Stalin, mientras, éste no se fiaba de Adolfo, buscaba ganar tiempo para producir armas y formar un gran ejército. Rusia estaba segura en tanto no se tomara a Polonia. El Fhürer rompió el pacto de no agresión con Polinia. Inglaterra y Francia acordaron apoyar a Polonia en caso de invasión. Hitler y Mussolini respondieron con un pacto de ayuda militar. En junio de 1939 los nazis tomaron el corredor polaco y lo declararon territorio libre que pedía su anexión a Alemania, lo que aconteció el 1 de septiembre. Dos días después británicos y galos declararon la guerra a Alemania. Después siguieron ataques nazis a Dinamarca, Noruega, Holanda, Luxemburgo, Bélgica, la conquista de Francia, ataques a Inglaterra, batallas menores en África, cruentas luchas en el inconquistable invierno ruso, el inesperado ataque a Pearl Harbor, la deuda de Franco con Hitler saldada, cruentos tratos a judíos, gitanos y prisioneros en campos de concentración y exterminio, la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagazaki, y la derrota del eje Berlín-Roma-Tokio.

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