lunes, 21 de septiembre de 2009

12 DE OCTUBRE. FANTASÍAS Y REALIDADES

SORBOS DE LA HISTORIA. 12 de octubre. Fantasías y realidades
Aline Torres
Cristóbal Colón parte del puerto de Palos el 3 de Agosto de 1492. A bordo de las tres carabelas que logra obtener de los hermanos Pinzón lleva noventa marineros, treinta personas del servicio real, la firme convicción de encontrar una nueva ruta hacia la India y un pensamiento cargado no sólo de la habilidad del mercader y de los conocimientos del navegante, sino también lleno de fabulas de tierras fantásticas e inmensas riquezas.
El 12 de octubre de 1492, el marinero Rodrigo Berguemo grita “Tierra, tierra”. La expedición del genovés había llegado a una isla que los mal llamados indios denominaban Guanahani, bautizada por Colón como San Salvador y que hoy se sabe es una de las que forman el archipiélago de las Lucayas.
Para el Almirante no había duda, había descubierto las tierras del Gran Can, imperio mongol de límites imprecisos y riquezas abundantes. Los occidentales supieron de su existencia gracias a Marco Polo:

“El señor de los señores que se llama Cublai Kaán es de la siguiente forma: es de hermosa talla, ni bajo ni alto sino de talla mediana. Su carne está bien repartida, si demasiado gordo ni demasiado flaco; está muy bien constituido en todos sus miembros. Tiene el rostro blanco y bermejo como rosa, lo que le da un aspecto muy agradable; los ojos negros y hermosos, la nariz bien hecha y bien puesta.
Hay cuatro mujeres a las que tiene por esposas verdaderas, y el hijo primogénito que de ellas tiene debe ser de pleno derecho Señor de todo el Imperio cuando el Gran Can, su padre, muera. Se las llama “Emperatriz”, pero también por su nombre. Y cada una de estas cuatro damas tiene una bellísima corte real en su propio palacio: ninguna tiene menos de trescientas doncellas esco
gidas por su gentileza y su belleza. Tienen numerosos criados eunucos y muchos hombres y mujeres, tantos que cada una de estas damas tiene en su corte por lo menos diez mil personas. Y cada vez que él quiere acostarse con una de estas cuatro mujeres la manda acudir a sus habitaciones, pero a veces él va a la habitación de su mujer”.

Colón fue lector obsesivo de Marco Polo y cuando en su intento de comunicarse con los aborígenes reconoció en ellos la palabra Karib, comunidad vecina de los Arawak, la atribuyó a la voz caniba, es decir, súbditos del Gran Can.
El intento de comunicación que el genovés entabla con los indígenas le hacen concebir dos ideas distintas del vocablo Karib. Una persistía en la proximididad del gran reino oriental, otra se refería a la existencia de antropófagos que comían carne humana. En la mente del Almirante entraron en conflicto el discurso orientalista de Marco Polo y el mito de seres monstruosos proveniente de la antigüedad clásica.
En su diario reseñó el temor de los naturales por los antropófagos de la siguiente manera: “…lejos de allí había hombres de un ojo y otros con hocicos de perros que comían los hombres, y que tomando uno lo degollaban y le bebían la sangre y le cortaban su natura”.
Al acercarse a la isla llamada Bohío la noticia de la existencia de indios feroces le dio la convicción de que lo que hasta entonces había tomado por monstruos deformes no eran más que hombres perversos y con muchas armas que capturaban a quienes se acercaba a su territorio. Los que se aventuraban en tierras de los caníbales no volvían nunca a sus hogares, sus tribus especulaban y conjeturaban que habían sido comidos.
Al llegar a Bohío sus dudas sobre los hombres con hocico de perro aumentaron ante la falta de indicios de su existencia. Reinterpretaba las palabras de los indígenas. El resultado la confirmación de la existencia del Gran Can.
La imaginación de Colón despojó, durante su primer viaje, a lo que el cree territorio asiático de lo monstruoso para llenarlo de maravillas naturales y riquezas. Generó las expectativas de lo que se encontraría en sus siguientes viajes: oro y el paraíso terrenal.

EL ENCUENTRO DEL PARAÍSO

Durante los siete años previos a la primera expedición de Colón, en los cuales recorrió la corte española en busca de financiamiento, el genovés no dudó en proclamar que era de la raza de Isaías, el profeta que anunció el nacimiento de Jesucristo, y que era el señalado para el retorno de aquella tierra fértil y sin muerte de la que fueron expulsados Adán y Eva.
Y a su parecer lo logró. Durante su tercer viaje, en 1498, llegó a la península de Paria, región montañosa de un clima dulce y exuberante vegetación. El imaginario de Almirante de inmediato lo trasladó al Paraíso terrenal. Al respecto escribió:

“Creo que el paraíso esta en un lugar adonde no puede llegar nadie, salvo por voluntad divina. Tiene la forma de una montaña áspera y se parece al cabo de una pera o al pezón de una teta de mujer, y poco a poco andando hacia allí desde muy lejos se va subiendo a él. Grandes indicios son éstos del paraíso terrenal, porque el sitio es conforme a la opinión de los santos y sanos teólogos”.
El convencimiento del Almirante de haber llegado al hogar de los primeros hombres le llevó a dirigir algunas líneas al papa Alejandro VI: “Creo lo que creyeron y creen los sabios y santos teólogos, que estos parajes son los del paraíso terrenal”.

AMÉRICA… LIBERTAD SEXUAL, CRUELDAD Y RESISTENCIA

El 12 de octubre de 1942 Cristóbal Colón llegó a América, consigo llevó hombres ambiciosos, anhelantes de oro, que no dudaron en apropiarse de los indígenas y de sus pertenencias. Los españoles consideraban a los naturales como unos barbaros e incivilizados, aun así se permitieron apreciar la estética de sus cuerpos desnudos.
En su diario de navegación Colón escribió de los pobladores de la raza de los tainios que: “son de los más bellos y mejor proporcionados. Todos de buena estatura, los cabellos no crespos y gruesos como sedas de caballo”.
La relación del Almirante no ahonda más en el tema. Sabía que se dirigía a una corte católica e intolerante. Fue prudente.
El italiano Michel de Cúneo, integrante de la expedición del genovés, narró como sedujo o violó a una taina: “la bella se resiste, recurro a un látigo , al final hay una reconciliación erótica-dialéctica y ella muestra cualidades y una sabiduría sexual que excede todo lo que podría haber imaginado”.
A la falta de oro, los conquistadores encontraron consuelo en los cuerpos. Los hombres que no veían a una mujer desnuda ni en la noche de bodas –para esa ceremonia las féminas usaban un sayal liviano con un agujero—encontraron en América un escape a la represión sexual sufrida en España.
De todos los reinos imperialistas de la Europa moderna, sólo el español se permitió el mestizaje. Ni los británicos en África, ni los holandeses y franceses en Asia y Malasia crearon una nueva raza.
En América se produjeron matrimonios entre caballeros e indígenas de alta cuna. También los criminales desterrados de Castilla tomaban por la fuerza o por grado a las mujeres, hijas y hermanas de los reyes y señores, dice la relación de Bartolomé de Las Casas en el libro 1, capítulo CLX. De los hombres, el cronista nos dice que eran destinados a los más bajos y viles trabajos.
Durante el gobierno de Cristóbal Colón en América —concedido, antes de su llegada, por los reyes de España, Isabel y Fernando—se inició el sometimiento, maltrato y exterminio de los naturales.
La primera colonia fundada fue la Isabela, el Amirante partió de allí con rumbo a la isla de Cibao en 1494. En dicho lugar construyó la fortaleza de Santo Tomás que dejo a cargo de Pedro Margarite, a quien le dio instrucciones de cortar la nariz y las orejas de los isleños que robaran algo. Él se marchó a realizar nuevas exploraciones.
A su regreso se enteró de que los naturales, a los que Margarite quiso forzar al trabajo de las minas, abandonaron sus hogares y se preparaban para la resistencia. Decidió abrir una campaña, nombró a su hermano Bartolomé Adelantado, quien derrotó a los isleños a mediados de marzo de 1945.
Los prisioneros fuero hechos esclavos, y se les obligó a pagar tributo. Para llevar el control de quienes cumplían y de los que no, mandó a hacer una moneda de cobre o de latón con una señal, ésta se colgaba al cuello de quienes habían dado su contribución.
El almirante trajo de España jaurías enteras de perros corsos, sabuesos y lebreles para usarlos en la caza de los naturales que trataban de huir. Los animales atacaban a los fugitivos ferozmente por la espalda, los derribaban y despedazaban.
Algunos perros, como el famoso becerrico, lograron un triste renombre y fueron padres de acreditadas razas que, por su maestría en rastrear y despedazar a los indígenas, gozaban de alta estima. El cronista Oviedo escribió de becerrico: “era ferocísimo defensor de la fe católica y de la moral sexual, descuartizó más de doscientos indios por idólatras sodomitas y por delitos abominables, habiéndose vuelto con los años muy goloso de carne humana”.
Nicolás de Ovando, tercer gobernador de la Isabela, terminó lo que Cristóbal Colón dejo inconcluso: la destrucción de los pueblos de América. Amparado por la provisión dada por la Corona el 20 de diciembre de 1503, que le autorizaba a forzar a los indígenas a trabajar, asignó a cada español de 30 a 60 isleños para el cultivo y la explotación de las minas.
Los naturales debían trabajar de seis a ocho meses a cambio de un jornal insignificante. Los alejaban de sus comunidades y cualquier pretexto era bueno para prolongar su condena. Para comer debían arrastrase debajo de la mesa para alzar los huesos que los españoles les arrojaban; los roían y chupaban para luego machacarlos con piedras y comerse el polvo con su pan de cazabe. Si trataban de huir eran cazados con los perros, azotados y regresados a trabajar con grillos en los pies.
La mayoría moría antes de cumplir su servicio y a los que quedaban libres les faltaban fuerzas para regresar a sus aldeas. Al respecto Bartolomé de Las Casas escribió: “Yo tope algunos muertos por los caminos, y otros debajo de los árboles boqueando, y otros con el dolor de la muerte dando gemidos y como podían diciendo ¡hambre, hambre! Los más resistentes, que conseguían, a pesar de todo, regresar a su tierra, hallaban sus chozas abandonadas y sus plantíos devastados; todo se había evaporado mágicamente ante el terror blanco”.
Las cuestiones religiosas también dieron pie a la barbarie ejercida en contra de los infieles.
El cacique de la Vega Real, Guarionex, autorizó al ermitaño Román Panea construir una capilla. Los abusos de los padres ocasionaron que se les expulsara del lugar. Tras su salida, los miembros de la comunidad destruyeron las imágenes y reliquias. Los frailes los acusaron de robo, sacrilegio, blasfemia y profanación. El adelantado, Bartolomé Colón autorizó la constitución de un Tribunal para que castigara el delito. Los indígenas fueron interrogados, sin intérprete, en español, por medio del tormento se les arrancó una confesión que nadie entendió. La sentencia: morir en la hoguera.
El proceso de conquista y desalojo territorial, iniciado por Colón aquel 12 de octubre de 1942, ha continuado hasta la era moderna, y con ello la resistencia de los indígenas americanos.
En México las tierras del pueblo mazateco, en la cuenca del río Papaloapan, se utilizaron para la edificación de la presa Miguel Alemán con capacidad para 9 mil 106 millones de metros cúbicos destinados a la generación de electricidad y el control de avenidas. La obra se terminó en 1955, pero la reubicación de los 20 mil desplazados no concluyó hasta 1962.
Veinte años después la historia se repitió. La construcción de la presa Cerro de Oro de 4 mil 400 millones de metros cúbicos alejó de sus hogares a 13 mil chinantecos.
En 2002 un mal manejo de la presa de Villa Victoria, del sistema Cutzamala, ocasionó daños a 350 hectáreas de indígenas mazahua. Las autoridades les prometieron otorgarles una indemnización que no llegó. El 26 de octubre de 2004 signaron con el gobierno federal un acuerdo en el que se acordó la instalación de redes hidráulicas para llevar el servicio a las comunidades de la región.
Las ofertas no se cumplieron. El Frente Mazahua intentó, en febrero de 2005, ingresar a las instalaciones de la planta potabilizadora de Berros del Sistema Cutzamala para exigir el pago de la indemnización y las obras pactadas.
Durante el gobierno de Vicente Fox se trató de reactivar la creación de un sistema de presas sobre la cuenca del río Usumacinta, iniciado en el sexenio de Carlos Salinas. Las múltiples protestas han cancelado nuevamente el proyecto, sin embargo, no se descarta que pueda retomarse debido a que la implementación del Plan Puebla-Panamá plantea el reto de generar más energía.
De realizarse se afectarían territorios pertenecientes a los altos de Chiapas, la selva Lacandona y una parte del estado de Tabasco en México y los departamentos de El Quiché, Verapaz y El Petén en Guatemala. Localidades indígenas. Los desplazados se calcula serían entre 30 y 50 mil personas.
El proyecto La Venta II en Oaxaca pretende ampliar el parque Eoleléctrico de la zona. Para lograrlo se ha hostigado durante años a los campesinos e indígenas. La resistencia se mermó cuando policías ministeriales encarcelaron al presidente del Comisariado Ejidal, Rafael Solórzano Ordaz. La Comisión Federal de Eléctricidad (CFE) ha promovido la acción penal en contra de varios ejidatarios bajo el cargo de impedimento en la ejecución de obra pública.
Los que han entregado sus tierras lo han hecho bajo amenazas y engaños. Los contratos, firmados ante notario público, cubren un período de treinta años, durante el cual los campesinos recibirán el pago promedio de 12, 500 pesos anuales por hectárea donde se ubique una torre de aerogenerador. En el 2007 la CFE había contratado el 40% de la superficie originalmente requerida para el proyecto.
Sobre el río Verde, Oaxaca, se quiere levantar una hidroeléctrica que generaría 900 millones de watts. Para oponer resistencia a esta obra se conformó el Foro por la Defensa del Agua, el Territorio y el Desarrollo de los Pueblos Indígenas en 2007, lo integran autoridades municipales y agrarias, personas de las comunidades mixteco y chatino.
La invasión de tierras indígenas se extiende a Brasil. En los años 40 el gobierno intentó ocupar las áreas consideradas vacías del centro del país en lo que se conoció como “marcha para el oeste”. Los territorios irrumpidos eran de los pueblos Xavante, Kayapó y Xingu. En los 60 y 70 la construcción de varias carreteras afectó la tranquilidad de los Apinayé, Gavioes y Kayapo con la Belem-Brasilia; los Yanomami, Marubu, Uapii, Kulina y Kanamari con la Perimetral norte; y los Nhambikura y Paresi con la Cuiabá-Porto Velho.
La construcción de presas hidroeléctricas en los 70 y 80 perturbaron a los Parakanan y los waimiri-atroari.

FUENTES

Castro Soto, Gustavo, “El agua y los ríos amenazados en México. Los retos para el movimiento social”, Biblioteca virtual:
http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/osal/osal21/Soto.pdf
Peña, Francisco, “Pueblos indígenas y el manejo de recursos hídricos en México”, Universidad de Chile: www.csociales.uchile.cl/publicaciones/mad/11/paper03.pdf
De Barros Laraia, Roque, A los 500 años del choque de dos mundos. EL fin de los descubrimientos, Ediciones del sol, 1989.

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