martes, 6 de octubre de 2009

El Quijote de Lepanto

Sorbos de la Historia. El Quijote de Lepanto

Aline Torres

Hoy, 7 de octubre, es el 438° aniversario de la batalla que Miguel de Cervantes Saavedra llamó “La más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”.
La ofensiva de Lepanto siempre fue motivo de orgullo para Cervantes.
El enfrentamiento naval se dio en el marco de las disputas territoriales entre los turcos y los cristianos.
En 1570 los musulmanes iniciaron su expansión. Atacaron varios puertos venecianos del mediterráneo oriental. Venecia solicitó ayuda a las potencias cristianas, las cuales le otorgaron su apoyo gracias a la mediación del papa Pío V, quien deseaba poner freno al avance de los infieles.
La armada se formó con fuerzas venecianas, pontificias y españolas. Se reunieron en el puerto de Suda, en la isla de Creta.
Los generales cristianos no lograron ponerse de acuerdo en la forma de enfrentar a los invasores, por lo que el almirante Juan Andrea Doria, encargado del mando de las fuerzas españolas, regresó a Sicilia.
El papa y Venecia culparon a España del fracaso de la operación.
El pontífice se reúne con españoles y venecianos para retomar la alianza. El 24 de mayo de 1571 se constituyó la Liga Santa que enfrentaría a los turcos.
El generalísimo fue Juan de Austria, hijo bastardo del rey Carlos V. La flota cristiana se hace a la mar el 15 y 16 de septiembre.
La armada se detuvo en Leguminici (Albania), puerto de abundantes suministros. Gil de Andrade, encargado de la exploración lejana, regresó con la noticia de que los infieles se encontraban en el puerto de Lepanto, ubicado entre el Peloponeso y Epiro de la Grecia continental.
La Liga Santa partió rumbo a Lepanto. La mañana del 7 de octubre las fuerzas turcas, dirigidas por Alí Bajá, se encontraron frente a la armada cristiana.
Los infieles disparan el primer cañonazo. Sobre el mar 70 galeras españolas, 12 del papado y 140 venecianas atacaban a 260 naves turcas apoyadas por la flota del corsario argelino Luchalí.
Entre las fuerzas cristianas se encontraba la galera Marquesa. Entre su tripulación se contaba un joven de veinticuatro años, enfermo y con calentura. Cuando supo que se iba a entrar en combate pidió a su capitán, Francisco San Pedro, que le colocara en el lugar más peligroso. El capitán le mandó regresar a la enfermería. Él contesto: “¿Qué se diría de Miguel de Cervantes cuando hasta hoy ha servido a Su Majestad en todas las ocasiones de guerra que se han ofrecido? Y así no haré menos en esta jornada enfermo y con calentura”.
Según consta en un informe oficial el autor del Quijote de la Mancha estuvo al mando de doce soldados en el esquife de la Marquesa y peleó con gran valor. Su empeño en la batalla llegó a oídos de Juan de Austria, quien le felicitó y otorgó cuatro ducados más de su paga.
La batalla de Lepanto dejo un rotundo triunfo para los cristianos y dos heridas para Cervantes, una en el pecho y otra en la mano izquierda, que perdió su movimiento para gloria de la diestra y que le valió el apodo del manco de Lepanto. Las lesiones no fueron severas, pues tras seis meses de recuperación en un hospital de Messina, el Quijote de Lepanto reanudó su vida militar en 1572.

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